Sede de las Cortes Generales y Extraordinarias de la nación española a principios del siglo XIX, se trata de uno de los más significativos edificios de la ciudad, por cuanto será éste el lugar en el que se elaboró la Constitución de 1812, hecho que ha quedado perpetuado para la historia en el conjunto de lápidas conmemorativas de los muros de su fachada.
Fue construido entre 1688 y 1719, según proyecto del alarife Blas Díaz y con la participación de los arquitectos Vicente Acero y Gaspar Cayón; los escultores y decoradores Luis Antonio de los Arcos, Juan Fagundo, Jerónimo Barbás y el pintor italiano Brinardell. Aunque cuando el Oratorio sería ocupado por las Cortes Generales su interior fue adaptado y transformado con una decoración efímera adecuada al nuevo fin, por el ingeniero Antonio Prat. El retablo mayor quedó oculto por un cortinaje y ante él se dispuso un retrato de Fernando VII, cobijado por un dosel y flanqueado de dos columnas. Se habilitó una tribuna en la parte derecha para el cuerpo diplomático, mientras que la prensa fue alojada en la capilla del Sagrario y parte de las galerías superiores, donde también se situó al público. Los diputados ocupaban el cuerpo elíptico, centrado por las mesas del presidente y el secretario.