Una Fiesta con letras mayúsculas
España celebra este 2012 el origen de su Estado Democrático. Hace doscientos años, diputados de España, Iberoamérica y Filipinas se reunieron en Cádiz para alumbrar un nuevo sistema político y social que derribaba los principios del Antiguo Régimen e inauguraba un nuevo modelo de convivencia basado en la soberanía nacional y el reconocimiento de derechos y libertades hasta entonces inexistentes. La oposición al ejército invasor no se centró únicamente en una lucha armada para recuperar el territorio nacional sino que se convirtió en un grito transformador que culminó con la promulgación de la Constitución de Cádiz de 1812.
Por ello, ahora que celebramos el Bicentenario de aquellos hechos históricos y del alumbramiento de la primera Carta Magna de corte liberal de ambos lados del Atlántico, queremos poner el acento en el carácter internacional de esta efeméride. La Pepa, como es conocida popularmente esta Constitución, fue fruto del trabajo conjunto de diputados de distinta procedencia y sensibilidad, y asimismo no sólo estuvo vigente en España sino que inspiró los textos constitucionales de los nuevos Estados que surgieron tras los procesos de independencia protagonizados por los países de Iberoamérica. Esto lo convierte en una celebración única y singular que nos hermana con los pueblos de América con los que nos unen lazos culturales e históricos desde hace siglos y con los que debemos seguir caminando de la mano en la búsqueda de unas democracias más perfectas.
Efectivamente, el evento que conmemoramos es la Fiesta de la Libertades y de la Democracia, y como tal debemos vivirla y sentirla. Debemos estar muy orgullosos del Estado de Derecho que hoy día disfrutamos porque fue fruto del trabajo y del sacrificio de muchas personas que defendieron sus ideales en pro del progreso y el futuro de un país que entonces traspasaba océanos. Debemos ser conscientes de la trascendencia de unos hechos que forjaron una realidad alejada de la voluntad caprichosa de un Rey, basada en la soberanía nacional, y que imponía la felicidad de la nación como principal objetivo del Gobierno.
Hoy, en esta España que atraviesa un momento convulso, que debe enfrentarse a una grave crisis económica difícil de superar, es importante recuperar esa misma unión de la ciudadanía del Doce; representada en ese Cádiz cosmopolita, cultural y liberal de principios del siglo XIX; para afrontar todos juntos una situación adversa. Hace doscientos años los diputados doceañistas lograron auspiciar unas reformas impensables para la época en mitad de una contienda bélica, de una sociedad devastada por las epidemias, de una tradición desfasada. Ellos son el ejemplo de que con esfuerzo, constancia e ilusión se pueden impulsar cambios estructurales, proyectos de futuro, que guían hacia derroteros más favorables.
La celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812 es, por tanto, una fiesta en letras mayúsculas, tanto por su simbología histórica como por la oportunidad que nos ofrece para unirnos en defensa de una democracia moderna y con garantías. La sede de la efeméride, Cádiz, cuna de la libertad; el ámbito de la conmemoración, España e Iberoamérica; los instrumentos, una ambiciosa programación de actos institucionales, culturales y de ocio que lograrán que todos los ojos se posen en este rincón del sur donde nuestro país inició el apasionante camino hacia un Estado basado en la igualdad, la solidaridad y los derechos cívicos.